21 de marzo de 2011

Otoño

Cuento con mi fuerza acústica
aquel misterio de transición autónoma,
que hoy no obedece.
Ya no llama al transeúnte dormido,
ni al peregrino rezagado al descanso.
Ha cambiado.


Cambió setenta noches atrás,
de lo mío a lo ajeno.
A lo suyo, contaminado por su escencia
de mujer pequeña y encantadora.


Me armé de consuelos
y terminé sin justicia, sin rodeos.
¡Tanto ajetreo para desvestirla
y desnudar su alma con la mía!


¡Le agradezco tanto! Sus desvelos,
su lágrima tibia entre mis dedos.
Fue un viaje,
del que retorno cubierto por sus tesoros.
¡Que dicha siento
al ver el cielo que la espera!


Lejos de mí serás,
de mi fuerza acústica que un día cuidé
y cultivé porque estabas tú.
Lejos estaré,
sintiendote cerca en un pensamiento.

2 comentarios:

caro dijo...

Que hermoso escribes. Quisiera ser ella y leerte siempre.

Kariz dijo...

Te quiero mucho Rodrigo... eres parte de mí.
Gracias por las cosas que me dices y lo siento por hacernos sufrir. Me gustaría hablar contigo.

Un abrazo baby