29 de diciembre de 2009

Tirana de la Memoria

"Rosa rubicundior, lilio candidior. Omnibus formosior, semper in te glorior!"
Me agrada.
Me motiva.
Me calma.

Me atrae, arrastra y absorbe
Hacia lo oscuro de mi emoción
poco examinada, poco alcanzada
pulida en décadas de abstracciones.

Con la nota de la eventualidad
se auto concibe, torpe y sin forma.
Incluso arrastrada si no tiene rumbo
o si la vieja materia no la abandona.

Nace y crece desde tu sangre
si el timbre calza con tu locura.
Ves que el silencio no atenúa,
sino de su espera nace su ruta.

Te me invade, oh te atraviesa.
Te distingue amigo o enemigo.
Así es la tirana de la memoria,
música de muertos o de vivos.



Si tengo cita para tu escuela
déjame entrar, abre tus puertas,
pero si tu ausencia hiere mi armonía,
te pido ¡Canta mi vida entera!

3 de noviembre de 2009

La deriva del pensamiento

En un solitario enlace de angustia
llueven cálidos los pasos musicales.

En mi ventana sin cristales que defiendan
brota el manantial sagrado de mis venas.

Desde un día seccionado por el rayo
y que abre sus entrañas cubriendo la ciudad
la fatiga inmensa del pasado alegre
descansa con la tristeza del presente.

Allí, a la deriva del pensamiento
acoplado por el viento invernal que sopla
y sopla fuerte, congelando el silencio
para susurrar su canto de solista.

Duerme el pan, duerme el tiempo.
Duermen todos a la espera del renacimiento.
Es el invierno, que acoge al desmedro
y le da sentido a su existir.

Y yo lo entiendo, desde mi ventana
incomprendido y viejo invierno.
Acompañado de la noche indecisa
Mi viajero infinito, sin hogar ni miedo.

No abandones la travesía,
quédate conmigo esta noche.
Lluéveme del Dios que te encomienda
y lávame esta pena con tu partir.

7 de octubre de 2009

29 de septiembre de 2009

Marcelo

Despues de comer solía levantarse para sentarse ruidosamente sobre el sillón plegable del living a pesar que el resto de los comensales aún siquiera hubiesen probado bocado. Encendia un lucky strike, prendía el canal playboy y se recocijaba admirando el sexo sucio y ruidoso mientras realizaba maniobras que poca explicación necesitan.

Los gemidos brutales de la comedia física resonaban tanto que yo no podía oir las conversaciones que se gestaban en la mesa. Política y mierda se volvían uno solo frente al estruendoso chillido de una experimentada mujer. Pero nadie parecía darle importancia al acto luego que el hombrecito se hundía en su perversión, mas aún, cuando sus miradas se situaban en el lugar que ocupaba parecían atravesarlo como al aire.

Mientras yo trataba de exponer mis sobresalientes logros escolares ante mis padres, el hombrecito se dedicaba a caminar por las paredes y escupir fotografias familiares. Me desesperaba, incluso me irritaba la libertad con la cual le gritaba improperios a mis padres y manchaba los escudos de la familia con sus deshechos. Al contrario de lo que se podría pensar, ahora nadie mas que yo le prestaba atención, pero incluso yo era ignorado. Mis notas eran relegadas al rincon del refrigerador junto con las cuentas y cuando papá finalizaba su almuerzo todos se levantaban a hacer lo que se les diera en gana. Papá se sentaba en su sillón a ver televisión sin reparar en la broma de excrementos que dejó el invitado de piedra y mamá caminaba sobre su vajilla preferida ahora convertida en añicos como quien se desliza sobre el cesped.

Quizas si el libertinaje sin justicia de Marcelo hubiera tenido un límite, yo no habría tenido que volver a encerrarlo en la caja que había bajo mi cama. Porque cuando en su desesperación comenzó a cortarse los dedos con las navajas de colección, opté por recojer sus restos y esconderlo como siempre en aquel rincón de mi memoria.

A pesar que mi imaginación fuera siempre su prisión, Marcelo tenía algo en común conmigo. Ambos fuimos ignorados los domingos en la tarde: el con sus dedos y yo con mi silencio.

Foto: El Falso Espejo (Rene Magritte)

14 de septiembre de 2009

Intrincación

Existen pocas entidades como tú, y de aquellas pocas, menos son las que comparten el sentido de tu semejanza.

Mis sueños tampoco retratan tu ser. Como todo lo que muere, se rearma con virtudes exageradas y nostálgicas de lo ideal. Y si bien lo creí en el pasado, los hechos claramente registran tu desatino e inmadurez.

Aquella que extraño.

Existe poco, pero de lo poco mucho puedo edificar. Así, morando una atalaya invertida hacia la tierra, soy capaz de apreciar la belleza intrínseca del desengaño y el desamor (quizas solo una fracción, un trocito de amargura que no llega a evaporarse). Si llegan a ser cosas lo que rescato de tí, serían aquellos conceptos trágicos miniaturizados para la vida.

Me basta. Me bastaste.

Y la rabia que llega sin ser llamada, no conduce a tí por mas que de ello te jactes. Siendo un monstruo de juegos emocionales, tus engaños no me quiebran tanto como lo hizo mi ingenuidad.

Si algun día llegase a robar un amor, quisiera que sea un poquito revuelto como el tuyo. De esos que remecen, y que obran por malicia. De esos que me llueven cuando se apaga su tinta.

Lo mas burdo posible, del burdel surrealista de nuestra "ex-comunión".

3 de septiembre de 2009

Primero de Septiembre

Cuando el sol se empezaba a esconder, un pulso ardiente comenzaba a crecer en mí. Ni los peros de la autoridad, ni los cuandos de mi hermana lo detenían.

Era prófugo, era indomable. Me lo recuerda el aroma a tierra bien seca (ahora extinta en el mar del concreto), o el ruido de un motor fugaz en la reja de alguna morada.

¡Cómo recuerdo aquellas noches!

Calzando la indumentaria de la rivalidad, cuidadosamente atada con las intrucciones del maestro, me entregaba a la espera de un nuevo capítulo de la guerra sin fín. Las paredes del patio se veían manchadas de tantas derrotas pasadas y que, esperaba, acabaran algun día. Incluso el tormento que me era impuesto por mamá de limpiar los manchas significaba un incentivo adicional para mi sed de triunfo.

Y cuando llegaba el momento, un ruido de un Chevrolet rojo enganchandose, gritar no bastaba. Era el feliz encuentro de padre e hijo, que se esperaban para abrazarse.

Pero la pelota cortaba la emotividad como un arma despiadada. Papá se volvía el invasor y yo el guardian de mi fortaleza. Y mi casa era un refugio, donde escondía los sueños mas hermosos de la niñez, que nacían y crecían en la calma de un mundo que desconocía. Donde el tiempo no tenía dueño, ya que existir aún no te mandaba facturas. Cuando mi anhelo y obligación era crecer en creatividad para nombrar cosas que aún no habían sido descubiertas. Allí, inocente pero implacable, forjé las piezas que me dieron forma, mágicas e indestructibles.

Jamás permití que las dañara (o al menos lo intenté). Dándole la espalda a mi improvisado arco de fútbol atajaba varios, pero siempre eran más los tiros que convertía en cicatrices para mi naciente orgullo.

Dedicado a mi máximo profesor. Yo se que lo leerás algun día

25 de agosto de 2009

A cántaros

Si quiero, llueve. A cántaros o suavecito dependiendo de mi estado anímico, imagínese que cuando nací lloraba tanto que Santiago terminó con agua hasta las rodillas.

No me culpe ni malinterprete, que esto de ser brujo no es nada fácil. Hay que estar callado y pasar "piola", no vaya a ser que por destacar vayan a sospechar. Las notas tienen que ser bien discretas, porque si me va muy bien la gente sospecha que hago trampa o que tengo facultades extraordinarias. Por supuesto, si me va mal piensan que tengo deficiencia mental o que tuve un problema psicológico de infancia y métale especalistas que descubren que soy brujo.

Tampoco puedo ser audaz con las hembras, que si tengo muchas, se justifican las perlas diciendo que yo las hechizo con la palabra. Así que apechugo solito aunque las malas lenguas digan que se me apaga el "Calefont". Me invento un papá exitoso y una mamá modesta para que la gente no pregunte mucho y quede conforme con la sociedad. Y cuando preguntan: ¿Cómo esta tu papá?- basta decir que bien, que trabaja mucho y que esta ascendiendo en la pega.
¡Mas encima nadie esta conforme! Si no es sequía es inundación (aunque digámoslo, la gente es la culpable por levantar casas donde no debían). Y cuando hago llover lo justo y necesario, se quejan porque llegó un frío de los mil diablos y tienen que abrigarse.

En fin, si fuera por mí, viviría en la interperie disfrutando el simple gozo de existir. Hacerse responsable del agua es pega de chino, y yo soy bien chileno pa mis cosas. No puedo vivir como me gustaría, no me dan las gracias y tengo que andar escondido porque si saben que yo hago la pega hidráulica los tormentos de San Sebastian van a ser un parque de diversiones comparado con lo que va a hacer conmigo la prensa. Por eso y por todo lo anterior Señora Presidenta, comprenderá que las circunstancias actuales no me han dejado mas alternativa que declarar paro de lluvia hasta mejores condiciones laborales.

Esperando su pronta respuesta me despido.

Marcelo Saavedra
Estudiante de Gasfitería
17087347-5

17 de agosto de 2009

Memoria

"Rosa rubicundior, lilio candidior. Omnibus formosior, semper in te glorior!"

Me agrada.
Me motiva.
Me calma.

Me atrae, arrastra y absorbe
Hacia lo oscuro de mi emoción
poco examinada, poco alcanzada
pulida en décadas de abstracciones.

Con la nota de la eventualidad
se auto concibe, torpe y sin forma.
Incluso arrastrada si no tiene rumbo
o si la vieja materia no la abandona.

Nace y crece desde tu sangre
si el timbre calza en tu locura.
Ves que el silencio no atenúa,
sino de su espera nació su ruta.

Y me invade, oh te atraviesa.
Me distingue amigo o enemigo.
Así es: tirana de la memoria,
música de muertos o de vivos.


Si tengo cita para tu escuela
déjame entrar, abre tus puertas,
pero si tu ausencia hiere mi armonía,
te pido que cantes mi vida entera.

10 de abril de 2009

Cuenta Regresiva

En un sueño desconcertado
mis cuatro paredes descascaran
sus colores, sus virtudes y su forma.
Colores trágicos.

Puede que sea el aire
con toque sublime y ponzoñoso.
Se filtra en la humedad
que se seca con la hojarasca.
Mas los segundos van cayendo
uno a uno, como columnas sin sustento
y yo sé que es lo que va regresando.

Corresponde en los epílogos escribir
y llenar de notas la nostalgia.
Aun guardo un trocito de las anteriores
de las que escribí la última vez.
Justo antes que el sol se marchara
relegando a la literatura la sonrisa,
en un acorazado de papel sin tinta
que no zozobra en el mar del silencio.

Y así con la magra historia de un ciclo espero
encorvado en un sillón de consulta.
Con mis manos armadas con el pasado
que leo y releo
hasta el momento en que me abandone.
Como una cuenta regresiva de la vida
que llega a cero y me avisa
difrazada de secretaria tediosa
y mencionando mi nombre y la del médico tratante.

20 de marzo de 2009

Viernes (Basado en una historia real)

Entramos a la sala blanca, en nuestros atuendos clásicos de tela y plástico. Revoloteando en el pabellón, me imagino, damos un aspecto similar al de ruidosos infantes alrededor juguetes desarmables.

Las valiosas piezas, dicen. Una reverencia y un gracias a don cadaver cortado que nos entrega un momento de su apretada agenda para observar como funcionó antes de pasar por las manos de nuestro macabro profesor de anatomía. Y pensar que esas hilachas mojadas (nervios mediano y ulnar) movían esos charquis (músculos flexor ulnar y radial del carpo, flexor profundo de los dedos...) para que el finado se fumara un cigarrito, o le agarrara las presas a su señora... ¡Pero ahora es un material invaluable!


En fin, me voy a acercar a la proxima mesa. Oh ¡Sorpresa! Un pulmón in situ de un ex-abuelo que debe tener mas o menos siete años alquilando el refrigerador del hospital. Todo esta pauteado, primero le toqueteo las pleuras, el corazón, obviamente teniendo cuidado de no cortar el nervio vago y... ¡Maldición! Se acabo el tiempo.


Siguiente mesa... Idem. Esta vez el museo nos presenta un corazón tratado con varias técnicas de mutilación. Fijese bien como en este se ve mas delgadito el atrio. Si te fijaste, aprovecha de preguntarle al Doctor Vega, que probablemente te tire una talla, como la de la semana pasada, cuando dijo que la laringe estaba azul porque el abuelo comia muchos pintalenguas. ¡Timbre! Rottenhousen y otra vez no alcanzaste a escuchar el chiste.
El tiempo se va acabando y cada vez quedan menos mesas. Tengo mis apuntes bajo el brazo, esos por los que inverti cuatro de mis nueve horas normales de sueño para aprender y ordenar. Las risas se van extinguiendo y los enanitos albos van corriendo mas rápido y mas ruidosos. Repasando, recuerdo una duda que tuve mientras estudiaba, no la pude resolver pues debía elegir entre seguir con la materia o el colapso mental de cabecearme otra hora mas tratando de resolverla. Así que corte por lo sano y le pregunte a una colega ocupada tratando de sostener un menton crudo abierto. Me respondió apurada y de mal humor dejandome no solo con la duda, sino con la sensación de ignorancia clásica que se respira en el pabellón, tan fuerte como el olor a formalina. Nada nuevo bajo el pabellón.


Pero ya es tarde, y el tiempo de la última mesa acabó. Un aumento en mi frecuencia cardiaca me sorprende, perfectamente explicable, pues en un paso anterior tuve que estudiarlo. Algunos cierran los ojos, otros juntan sus manos en posicion de plegaria. Si hasta los cadaveres parecieran estar pendientes con sus sonrisas eternas y sus expresiones de demencia. Se acerca a la mesa de los doctores la bolsa con nuestros destinos, donde cada uno de nosotros es un papelito, y la mano de Lopez te busca y esperas que no te encuentre. Siento el sonido de su mano tanteando la bolsa ¡No puedo salir! trato de calcular las posibilidades de ser escogido entre cuarentaicinco papeles y realmente es absurdo que salga yo. Veo un baile de rodillas inquietas bajo las mesas y mis manos se asfixian en el guante de goma que veo sin ver. La mano deja de escudriñar y yo ya baje la mirada, asi tal vez no se da cuenta que le tocaba en el grupo; esta abriendo los papeles lo puedo escuchar y ya estoy seguro que mi nombre esta ahí y no quiero salir, porfavor no quiero salir.



Cuevas y Aguilera al frente.



Es viernes en la tarde, acabo de recordar que es el último momento de la semana. Mi mente se llena de ideas de descanso, casi siento la suavidad de las sabanas de mi cama mientras dos infelices son interrogados sobre las queridas piezas que valen mas que sus esfuerzos vanos por conocerlas.



10 de marzo de 2009

Bonjour

Primero se levanta,
despues se mete a la ducha.
Si todavia esta durmiendo, el cafecito clásico
manejando en auto si hay bencina,
o colgando de un trasto por la restricción,
se va a la oficina.

A ella la despierta el papa,
despues se baña sin pelo
cepillado y maquillaje para el hombre promedio
La tostada y el tesito de la madre
Finalmente se sube al auto para el colegio
y termina tomando en el parque.

Este se levanta sin acostarse
Se ducha a ver si le entra mas materia con agua
Toma tres cafés con la guía en la cara,
si hasta yo me quedo callado
cuando sale corriendo a la universidad
pidiendo un milagro.

La otra no se levanta
Excepto cuando le reclaman desayuno
Les da besos, animos a los tres, y prende el matinal
Mas ratito agarra el celular y llama al Manuel
Se pone el delantal sin nada abajo
Y cuando llega, no se que hace con él.

¿Y a mi?
Ya me prohibieron dormir en la cama,
si con suerte me hechan agua en el plato
o me pegan cuando le ladro a un gato.

2 de marzo de 2009

Sin Título

En un pequeño claro bosquecino nací. Mis recuerdos mas antiguos siempre llegan al mismo lugar, el refugio solitario donde vivo, donde me crié y donde espero morir algun día. Nací de la tierra, la hojarasca y la lluvia y soy padre creador del micromundo de mi jardín.
El habitar un lugar nativo y solitario es el tópico de mi existencia. Cercano al claro hay un río donde se me contó que vine en una canasta artesanal proveniente de un lugar lejano. Me crié solo, a pesar que la voz de mi madre susurra amor desde siempre. Jamás la llegue a conocer al igual que la mayoría de las cosas de donde provengo, mas el destino es sabio y mi vida no demanda esos conocimientos para respirar ni comer.
Los bosques que rodean el claro, se encuentran llenos de senderos engañosos. No me aventuro demasiado por ellos, perderse es fácil dadas la cantidad de maravillas que esconden (y peligros por cierto). Sé que uno de los senderos resuelve el laberinto del bosque y se ensancha en un camino empedrado que lleva a la salida. Sin embargo, aún no se bien que es lo que me espera allí, incluso si efectivamente existe tal salida. De todos modos, solo aquellos días en que me siento perdido recuerdo esas cosas.
Y esa es la vida que materializan mis sueños y mis pensamientos. Ya es temprano, y debo ir a buscar la leña al colegio. Mas tarde al llegar a mi departamento en el claro, probablemente sueñe que mis paredes son de madera y el cemento de la ciudad es el mas bello de los pastizales.

"Escrito el 25 de Agosto de 2004"