Una expedición.
Un aire cargado.
Una tierra sedienta.
Un sol que agoniza.
Un Dios deseado,
acomoda su postura
y mira a otra montaña.
Migrando.
La sombra que se estira.
La virgen que se nubla.
En un centro imaginario
transitan mis pies desconocidos,
dejando que huellas del verano
se olviden bajo las hojas.
El abril de tantos años
tiñe de textura el viento.
El de las cosas que transitan
de un lado al otro
de la muerte a la vida
de la dicha a la miseria.
Recibo el descanso
presente en algún sitio
del ciclo de la vida.
En el silencio de lo que no es
en el abrigo de los recuerdos
mi alma reposa al fin
después de su partida.
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