29 de septiembre de 2026

 Justo donde el viento y el agua hacen contacto se genera un pequeño universo. Y de ese pequeño espacio surgió una ninfa de libélula un día de noviembre. Con gran dificultad y con una soberbia voluntad trepó y trepó hacia lo mas alto de un junco viejo. Cuando el sol calentó la mañana, la ninfa mudo de piel y de ella surgieron cuatro grandes alas y sin dificultad se elevó en su primer vuelo cuando el viento dejó de agitar la hierba. Su nuevo cuerpo poseía gracia, y tenía una sincronía y equilibrio perfecto para recorrer las orillas de aquel lago.

Aquel día en un árbol cercano, un polluelo de chercán rompía su cascarón. Ciego, desnudo y hambriento surgió en un mundo lleno de miedos. Junto a él sus hermanos y hermanas se agitaban frenéticamente, pues no había mas que hacer que chillar. Su madre que le había dado calor ahora le traía alimento sin cesar, y su padre a quien acababa de conocer se mantenía cerca protegiéndolo de las amenazas del bosque.

La libélula recorrió las orillas del lago, y pronto reconoció los campos de flores, los nidos de las polillas, los lugares donde se ocultan las pequeñas arañas de la maleza y los sitios que era mejor evitar. Se volvió una experta en reconocer las corrientes, así podía volar con mayor velocidad sin cansarse demasiado pronto. También encontró refugio en un pastizal donde podía descansar, y en aquel sitio pasó muchas noches mirando las estrellas con la emoción de quien vive una aventura.

Tiempo después, en el nido, los chercanes se cubrieron de un plumaje cada vez mas denso. Y cuando los días se volvieron mas cálidos uno a uno fueron abandonando su hogar. Se iban sin despedirse y con destino desconocido, pues cada uno buscaba algo distinto. El nido fue vaciándose, hasta que solo quedo el pequeño chercán que había nacido último. "Ahora tengo mas espacio, y sin mis hermanos, mis padres solo me alimentarán a mi" pensó regocijándose con la idea de una vida cómoda y segura. 

En un sitio alejado de aquel nido, la libélula se había llenado de historias emocionantes. Ahora deseaba compartir sus conocimientos. Hacía un tiempo que había nacido un nuevo interés en su corazón, algo que poseía su atención y toda su concentración. Así, emprendió el vuelo ya no en búsqueda de flores o de alimentos, sino de otras libélulas a quienes conocer.

Mientras aquello ocurría, el pequeño chercán se encontraba solo. Hacía días que no habían aparecido sus padres, y la comida del nido comenzaba a terminarse. Llegarán pronto pensaba, y su pensamiento era una mezcla de miedo y esperanza. Por primera vez cayó en cuenta, que quizás sus padres no volverían. Por primera vez cayó en cuenta, que si el alimento no llegaba pasaría hambre, y sin el calor de sus padres, había experimentado con horror el frío de la noche. No importa, llegarán pronto, pensaba cada vez que la desesperación lo inundaba, lo cual era cada día mas frecuente.

Por el otro lado la libélula joven había encontrado el territorio de su especie. En él, otros machos disputaban combates por el derecho de cortejar a las mas hermosas. Emocionado y sin dudar, rápidamente venció a los mas viejos, los que tuvieron que resignarse sin remedio a apartarse de la manada.  el mas fuerte, el mas bravo y el mas hermoso. 

28 de septiembre de 2026

Villa O'Higgins

Donde las carreteras se acaban
los caminos se abren paso
y los senderos son trazados por la fauna.

Un sitio imposible
Donde el hielo retrocedió
descubriendo el acero de la montaña
oculta desde su nacimiento.
Donde el agua no tiene forma
se revela del río
y surge con deseo desde lo inimaginable.

Me encontré un día
en aquel lugar
concebido únicamente en los sueños.
Sentado en un pilar de vientos
junto a los viejos Notofagos,
mi mate y mis palabras conmigo.

El cénit como si fuera concebido
acaricia un horizonte de sucesos
verdes, y blancos de nieve.
El vuelo del condor andino
sobre las cumbres glaceadas
y los mares de agua dulce
imprimen un sueño en mi retina
donde la muerte es la fantasía
que me llevará de regreso.

8 de julio de 2026

Reloj de arena

Qué sabré yo sobre el devenir.

Qué sabré de lo que no sucede.

Un encuentro fatuo al mediodía

de un jueves cansado y sudoroso.

Con el alma puesta en las ideas

y los pies manchados de trabajo.

Un jueves clásico

donde en la acera duermen perros

y otros espectros vagabundos.


¿Qué sabré si un día jueves

a un tipo noble como yo

a un humano aleatorio

se le revelara Dios?

Como genio de cuento absurdo

y con un chasquido sordo

se revelara en el pan y el vino

y me resolviera la vida.


Dios padre misericordioso.

Dios de los pobres y otros infelices.

Podría ser hoy o quizás otro jueves

en otro lugar sacro,

con otro cuerpo,

con otra vida.


Podría ser mañana.

Y mañana sería un amanecer

con cuencos tibetanos,

con monjes trasnochados,

con las vírgenes que prometió Mahoma

y el congreso de los Santos políticos.


¿Por qué no sería? me pregunto,

Que lo bueno viniera sin deuda,

que lo milagros llegaran sin requisitos,

que la realidad y sus reglas abdicaran

y me dieran al fin 

la paz del señor,

antes del día de los juicios

la resaca, los psicotrópicos y las prescripciones.


¿Y si no fuera? Ni mañana ni pasado.

Y lo que se sabe es lo que se revela,

y lo que no es, no es

y los Budas son tatuajes borrosos

y los Cristos son imanes o llaveros

y los jueves son de ocho a seis.


Si el jueves es un día del calendario

y el anhelo es un café mal hecho

entonces descanso en la dirección,

navegando en buques de papel

y transitando descalzo los desiertos

para unirme al club de la razón

al culto del progreso

y al tiempo de los relojes.

21 de abril de 2026

Otoño

Una expedición.

Un aire cargado.

Una tierra sedienta.

Un sol que agoniza.

Un Dios deseado,

acomoda su postura

y mira a otra montaña.


Migrando.

La sombra que se estira.

La virgen que se nubla.


En un centro imaginario

transitan mis pies desconocidos,

dejando que huellas del verano

se olviden bajo las hojas.


El abril de tantos años

tiñe de textura el viento.

El de las cosas que transitan

de un lado al otro

de la muerte a la vida

de la dicha a la miseria.


Recibo el descanso

presente en algún sitio

del ciclo de la vida.

En el silencio de lo que no es

en el abrigo de los recuerdos

mi alma reposa al fin

después de su partida.