Justo donde el viento y el agua hacen contacto se genera un pequeño universo. Y de ese pequeño espacio surgió una ninfa de libélula un día de noviembre. Con gran dificultad y con una soberbia voluntad trepó y trepó hacia lo mas alto de un junco viejo. Cuando el sol calentó la mañana, la ninfa mudo de piel y de ella surgieron cuatro grandes alas y sin dificultad se elevó en su primer vuelo cuando el viento dejó de agitar la hierba. Su nuevo cuerpo poseía gracia, y tenía una sincronía y equilibrio perfecto para recorrer las orillas de aquel lago.
Aquel día en un árbol cercano, un polluelo de chercán rompía su cascarón. Ciego, desnudo y hambriento surgió en un mundo lleno de miedos. Junto a él sus hermanos y hermanas se agitaban frenéticamente, pues no había mas que hacer que chillar. Su madre que le había dado calor ahora le traía alimento sin cesar, y su padre a quien acababa de conocer se mantenía cerca protegiéndolo de las amenazas del bosque.
La libélula recorrió las orillas del lago, y pronto reconoció los campos de flores, los nidos de las polillas, los lugares donde se ocultan las pequeñas arañas de la maleza y los sitios que era mejor evitar. Se volvió una experta en reconocer las corrientes, así podía volar con mayor velocidad sin cansarse demasiado pronto. También encontró refugio en un pastizal donde podía descansar, y en aquel sitio pasó muchas noches mirando las estrellas con la emoción de quien vive una aventura.
Tiempo después, en el nido, los chercanes se cubrieron de un plumaje cada vez mas denso. Y cuando los días se volvieron mas cálidos uno a uno fueron abandonando su hogar. Se iban sin despedirse y con destino desconocido, pues cada uno buscaba algo distinto. El nido fue vaciándose, hasta que solo quedo el pequeño chercán que había nacido último. "Ahora tengo mas espacio, y sin mis hermanos, mis padres solo me alimentarán a mi" pensó regocijándose con la idea de una vida cómoda y segura.
En un sitio alejado de aquel nido, la libélula se había llenado de historias emocionantes. Ahora deseaba compartir sus conocimientos. Hacía un tiempo que había nacido un nuevo interés en su corazón, algo que poseía su atención y toda su concentración. Así, emprendió el vuelo ya no en búsqueda de flores o de alimentos, sino de otras libélulas a quienes conocer.
Mientras aquello ocurría, el pequeño chercán se encontraba solo. Hacía días que no habían aparecido sus padres, y la comida del nido comenzaba a terminarse. Llegarán pronto pensaba, y su pensamiento era una mezcla de miedo y esperanza. Por primera vez cayó en cuenta, que quizás sus padres no volverían. Por primera vez cayó en cuenta, que si el alimento no llegaba pasaría hambre, y sin el calor de sus padres, había experimentado con horror el frío de la noche. No importa, llegarán pronto, pensaba cada vez que la desesperación lo inundaba, lo cual era cada día mas frecuente.
Por el otro lado la libélula joven había encontrado el territorio de su especie. En él, otros machos disputaban combates por el derecho de cortejar a las mas hermosas. Emocionado y sin dudar, rápidamente venció a los mas viejos, los que tuvieron que resignarse sin remedio a apartarse de la manada. el mas fuerte, el mas bravo y el mas hermoso.