21 de abril de 2026

Diálogo con el Martin Pescador

Quisiera hablar sobre la vida

¡Que tema! Quizás el único relevante.

¿Para qué somos humanos

sino para sentarnos en una piedra?

Con algún objeto que calme el ansia.

Un objeto que ayude a abstraer

y una contraparte a la cual expresar(se).


Hablar de la vida es contar una historia.

La mejor historia de todas.

Una tragedia de chistes.

Ciencia ficción con espiritualidad.

Una mezcla del viaje del héroe,

en el universo del Samsara

con el juego de la yenga

alcohol y crucifijos en la mesa.

Y la muerte co-protagonista

empujando las piezas.


Había una vez un niño llamado tarea

La maestra dijo Tarea para la casa

y Tarea se retiro de la escuela.

Al llegar a casa vio la ebriedad del padre

con la lujuria de la empleada

Tarea decidió conservar el secreto

y no desintegrar su precario hogar.

Entonces Tarea se hace adulto,

ya no lo molestan en la escuela

tiene un trabajo simple, paga sus cuentas

vive en un arriendo monoambiente.

Abre una cerveza frente al televisor

prende su cigarro

se sirve restos de comida trasnochada

y se pregunta si su vida no es miseria.

Se cuestiona decisiones que no decidió

como aquella mañana fatídica

en que conoció el sexo y la traición

en simultáneo.


¿No habitaría entre miel y abundancia

si hubiera tenido el descaro

de quedarse sentado en su pupitre

y mandar a la mierda a su profesor?

Profesor comediante

víctima de otros juegos oscuros.


Pobre Tarea. Hermoso Tarea.

Condenado como todo mamífero bípedo

Al tormento de las cosas.

A ser efímero y absurdo.

Como tú, como quien suscribe.

Amigo del agua y el vacío.


Ocho años pasaron ya

desde el viaje de las luciérnagas

Luang Prabang en el atardecer.

Versión primitiva de mis conciencias.

creyendo que la felicidad era el final.


Como en los cuentos repetitivos.

Y vivieron felices,

pero no para siempre.

Sino hasta la crisis económica,

la infidelidad, las deudas, la vejez.

Hasta el trabajo rutinario y asfixiante.

Hasta el desinterés y el desamor

y finalmente, el trastorno ansioso depresivo.

Así que Tarea decidió ir a terapia,

creyendo que había otro camino.

Creyendo en el final feliz,

definido por nuestras decisiones

y en el buen dharma justiciero

y otros ficticios insensatos

nacidos de la creatividad humana.

Como el amor y la felicidad.

No hay equidad en esas cosas

ni drogas para el dolor.


Así que vivo en la intensidad,

si la corriente es violenta, nado.

Un poco habituado al miedo.

Cada cierto tiempo giro mis cosas

ni idea, pero me hace sentido.

El dolor es mi dueño.


Me gustaría dejar algunos hijos

heredarles lo que aprendí.

Y ayudar a los que pueda.

a alguno le puedo ser útil.


Después de morir, ojalá volver a nacer

y ser un sauce donde se posen aves.

O nada, también me sirve.

Ojalá no humano,

Pero si toca, ya fue.

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