Quisiera hablar sobre la vida
¡Que tema! Quizás el único relevante.
¿Para qué somos humanos
sino para sentarnos en una piedra?
Con algún objeto que calme el ansia.
Un objeto que ayude a abstraer
y una contraparte a la cual expresar(se).
Hablar de la vida es contar una historia.
La mejor historia de todas.
Una tragedia de chistes.
Ciencia ficción con espiritualidad.
Una mezcla del viaje del héroe,
en el universo del Samsara
con el juego de la yenga
alcohol y crucifijos en la mesa.
Y la muerte co-protagonista
empujando las piezas.
Había una vez un niño llamado tarea
La maestra dijo Tarea para la casa
y Tarea se retiro de la escuela.
Al llegar a casa vio la ebriedad del padre
con la lujuria de la empleada
Tarea decidió conservar el secreto
y no desintegrar su precario hogar.
Entonces Tarea se hace adulto,
ya no lo molestan en la escuela
tiene un trabajo simple, paga sus cuentas
vive en un arriendo monoambiente.
Abre una cerveza frente al televisor
prende su cigarro
se sirve restos de comida trasnochada
y se pregunta si su vida no es miseria.
Se cuestiona decisiones que no decidió
como aquella mañana fatídica
en que conoció el sexo y la traición
en simultáneo.
¿No habitaría entre miel y abundancia
si hubiera tenido el descaro
de quedarse sentado en su pupitre
y mandar a la mierda a su profesor?
Profesor comediante
víctima de otros juegos oscuros.
Pobre Tarea. Hermoso Tarea.
Condenado como todo mamífero bípedo
Al tormento de las cosas.
A ser efímero y absurdo.
Como tú, como quien suscribe.
Amigo del agua y el vacío.
Ocho años pasaron ya
desde el viaje de las luciérnagas
Luang Prabang en el atardecer.
Versión primitiva de mis conciencias.
creyendo que la felicidad era el final.
Como en los cuentos repetitivos.
Y vivieron felices,
pero no para siempre.
Sino hasta la crisis económica,
la infidelidad, las deudas, la vejez.
Hasta el trabajo rutinario y asfixiante.
Hasta el desinterés y el desamor
y finalmente, el trastorno ansioso depresivo.
Así que Tarea decidió ir a terapia,
creyendo que había otro camino.
Creyendo en el final feliz,
definido por nuestras decisiones
y en el buen dharma justiciero
y otros ficticios insensatos
nacidos de la creatividad humana.
Como el amor y la felicidad.
No hay equidad en esas cosas
ni drogas para el dolor.
Así que vivo en la intensidad,
si la corriente es violenta, nado.
Un poco habituado al miedo.
Cada cierto tiempo giro mis cosas
ni idea, pero me hace sentido.
El dolor es mi dueño.
Me gustaría dejar algunos hijos
heredarles lo que aprendí.
Y ayudar a los que pueda.
a alguno le puedo ser útil.
Después de morir, ojalá volver a nacer
y ser un sauce donde se posen aves.
O nada, también me sirve.
Ojalá no humano,
Pero si toca, ya fue.
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