Avenida Once de Octubre 125, departamento 303.
Santiago.
Cocinándose un alimento en el sartén.
Arroz variedades de sobre.
El hambre no falla.
El fuego no falla.
El vino sí.
que está apoyada en el respaldo de un banquillo desproporcionadamente alto para el trasero de quien lo sienta, sentó y sentará.
Mi espina encorvada aguarda que la cena se cocine a si misma.
Si las vertebras hablaran...
(O el hígado).
Dicho de otra forma, entre el aburrimiento y la incomodidad.
Opto por lo segundo
mientras recuerdo el invierno en Guatemala.
No veo las avispas en el basurero.
Ni las hormigas en el pan.
Ni las polillas dándose de cabeza contra la ampolleta.
Salen del mueble donde guardo el arroz
que estoy cocinando.
Es lenta, como ropa que no seca,
marginadora, como la gripe
y aburrida, como el día que acaba a las seis.
y luego atravesar su metamorfosis durante los días siguientes
O lo que venga después (un hoyo, qué se yo).
Le falto lluvia. Le falto selva.
Pero esta bueno. Sabor a retorno.