3 de noviembre de 2009

La deriva del pensamiento

En un solitario enlace de angustia
llueven cálidos los pasos musicales.

En mi ventana sin cristales que defiendan
brota el manantial sagrado de mis venas.

Desde un día seccionado por el rayo
y que abre sus entrañas cubriendo la ciudad
la fatiga inmensa del pasado alegre
descansa con la tristeza del presente.

Allí, a la deriva del pensamiento
acoplado por el viento invernal que sopla
y sopla fuerte, congelando el silencio
para susurrar su canto de solista.

Duerme el pan, duerme el tiempo.
Duermen todos a la espera del renacimiento.
Es el invierno, que acoge al desmedro
y le da sentido a su existir.

Y yo lo entiendo, desde mi ventana
incomprendido y viejo invierno.
Acompañado de la noche indecisa
Mi viajero infinito, sin hogar ni miedo.

No abandones la travesía,
quédate conmigo esta noche.
Lluéveme del Dios que te encomienda
y lávame esta pena con tu partir.

7 de octubre de 2009

No Haiku

Un abrasante sol
Deslumbra la primavera
Y evidencia su invierno.

14 de septiembre de 2009

Intrincación

Existen pocas entidades como tú, y de aquellas pocas, menos son las que comparten el sentido de tu semejanza.

Mis sueños tampoco retratan tu ser. Como todo lo que muere, se rearma con virtudes exageradas y nostálgicas de lo ideal. Y si bien lo creí en el pasado, los hechos claramente registran tu desatino e inmadurez.

Aquella que extraño.

Existe poco, pero de lo poco mucho puedo edificar. Así, morando una atalaya invertida hacia la tierra, soy capaz de apreciar la belleza intrínseca del desengaño y el desamor (quizas solo una fracción, un trocito de amargura que no llega a evaporarse). Si llegan a ser cosas lo que rescato de tí, serían aquellos conceptos trágicos miniaturizados para la vida.

Me basta. Me bastaste.

Y la rabia que llega sin ser llamada, no conduce a tí por mas que de ello te jactes. Siendo un monstruo de juegos emocionales, tus engaños no me quiebran tanto como lo hizo mi ingenuidad.

Si algun día llegase a robar un amor, quisiera que sea un poquito revuelto como el tuyo. De esos que remecen, y que obran por malicia. De esos que me llueven cuando se apaga su tinta.

Lo mas burdo posible, del burdel surrealista de nuestra "ex-comunión".

3 de septiembre de 2009

Primero de Septiembre

Cuando el sol se empezaba a esconder, un pulso ardiente comenzaba a crecer en mí. Ni los peros de la autoridad, ni los cuandos de mi hermana lo detenían.

Era prófugo, era indomable. Me lo recuerda el aroma a tierra bien seca (ahora extinta en el mar del concreto), o el ruido de un motor fugaz en la reja de alguna morada.

¡Cómo recuerdo aquellas noches!

Calzando la indumentaria de la rivalidad, cuidadosamente atada con las intrucciones del maestro, me entregaba a la espera de un nuevo capítulo de la guerra sin fín. Las paredes del patio se veían manchadas de tantas derrotas pasadas y que, esperaba, acabaran algun día. Incluso el tormento que me era impuesto por mamá de limpiar los manchas significaba un incentivo adicional para mi sed de triunfo.

Y cuando llegaba el momento, un ruido de un Chevrolet rojo enganchandose, gritar no bastaba. Era el feliz encuentro de padre e hijo, que se esperaban para abrazarse.

Pero la pelota cortaba la emotividad como un arma despiadada. Papá se volvía el invasor y yo el guardian de mi fortaleza. Y mi casa era un refugio, donde escondía los sueños mas hermosos de la niñez, que nacían y crecían en la calma de un mundo que desconocía. Donde el tiempo no tenía dueño, ya que existir aún no te mandaba facturas. Cuando mi anhelo y obligación era crecer en creatividad para nombrar cosas que aún no habían sido descubiertas. Allí, inocente pero implacable, forjé las piezas que me dieron forma, mágicas e indestructibles.

Jamás permití que las dañara (o al menos lo intenté). Dándole la espalda a mi improvisado arco de fútbol atajaba varios, pero siempre eran más los tiros que convertía en cicatrices para mi naciente orgullo.

Dedicado a mi máximo profesor. Yo se que lo leerás algun día