Un abrasante sol
Deslumbra la primavera
Y evidencia su invierno.
7 de octubre de 2009
14 de septiembre de 2009
Intrincación
Existen pocas entidades como tú, y de aquellas pocas, menos son las que comparten el sentido de tu semejanza.
Mis sueños tampoco retratan tu ser. Como todo lo que muere, se rearma con virtudes exageradas y nostálgicas de lo ideal. Y si bien lo creí en el pasado, los hechos claramente registran tu desatino e inmadurez.
Aquella que extraño.
Existe poco, pero de lo poco mucho puedo edificar. Así, morando una atalaya invertida hacia la tierra, soy capaz de apreciar la belleza intrínseca del desengaño y el desamor (quizas solo una fracción, un trocito de amargura que no llega a evaporarse). Si llegan a ser cosas lo que rescato de tí, serían aquellos conceptos trágicos miniaturizados para la vida.
Me basta. Me bastaste.
Y la rabia que llega sin ser llamada, no conduce a tí por mas que de ello te jactes. Siendo un monstruo de juegos emocionales, tus engaños no me quiebran tanto como lo hizo mi ingenuidad.
Si algun día llegase a robar un amor, quisiera que sea un poquito revuelto como el tuyo. De esos que remecen, y que obran por malicia. De esos que me llueven cuando se apaga su tinta.
Lo mas burdo posible, del burdel surrealista de nuestra "ex-comunión".
Mis sueños tampoco retratan tu ser. Como todo lo que muere, se rearma con virtudes exageradas y nostálgicas de lo ideal. Y si bien lo creí en el pasado, los hechos claramente registran tu desatino e inmadurez.
Aquella que extraño.
Existe poco, pero de lo poco mucho puedo edificar. Así, morando una atalaya invertida hacia la tierra, soy capaz de apreciar la belleza intrínseca del desengaño y el desamor (quizas solo una fracción, un trocito de amargura que no llega a evaporarse). Si llegan a ser cosas lo que rescato de tí, serían aquellos conceptos trágicos miniaturizados para la vida.
Me basta. Me bastaste.
Y la rabia que llega sin ser llamada, no conduce a tí por mas que de ello te jactes. Siendo un monstruo de juegos emocionales, tus engaños no me quiebran tanto como lo hizo mi ingenuidad.
Si algun día llegase a robar un amor, quisiera que sea un poquito revuelto como el tuyo. De esos que remecen, y que obran por malicia. De esos que me llueven cuando se apaga su tinta.
Lo mas burdo posible, del burdel surrealista de nuestra "ex-comunión".
3 de septiembre de 2009
Primero de Septiembre
Cuando el sol se empezaba a esconder, un pulso ardiente comenzaba a crecer en mí. Ni los peros de la autoridad, ni los cuandos de mi hermana lo detenían.
Era prófugo, era indomable. Me lo recuerda el aroma a tierra bien seca (ahora extinta en el mar del concreto), o el ruido de un motor fugaz en la reja de alguna morada.
¡Cómo recuerdo aquellas noches!
Calzando la indumentaria de la rivalidad, cuidadosamente atada con las intrucciones del maestro, me entregaba a la espera de un nuevo capítulo de la guerra sin fín. Las paredes del patio se veían manchadas de tantas derrotas pasadas y que, esperaba, acabaran algun día. Incluso el tormento que me era impuesto por mamá de limpiar los manchas significaba un incentivo adicional para mi sed de triunfo.
Y cuando llegaba el momento, un ruido de un Chevrolet rojo enganchandose, gritar no bastaba. Era el feliz encuentro de padre e hijo, que se esperaban para abrazarse.
Pero la pelota cortaba la emotividad como un arma despiadada. Papá se volvía el invasor y yo el guardian de mi fortaleza. Y mi casa era un refugio, donde escondía los sueños mas hermosos de la niñez, que nacían y crecían en la calma de un mundo que desconocía. Donde el tiempo no tenía dueño, ya que existir aún no te mandaba facturas. Cuando mi anhelo y obligación era crecer en creatividad para nombrar cosas que aún no habían sido descubiertas. Allí, inocente pero implacable, forjé las piezas que me dieron forma, mágicas e indestructibles.
Jamás permití que las dañara (o al menos lo intenté). Dándole la espalda a mi improvisado arco de fútbol atajaba varios, pero siempre eran más los tiros que convertía en cicatrices para mi naciente orgullo.
Era prófugo, era indomable. Me lo recuerda el aroma a tierra bien seca (ahora extinta en el mar del concreto), o el ruido de un motor fugaz en la reja de alguna morada.
¡Cómo recuerdo aquellas noches!
Calzando la indumentaria de la rivalidad, cuidadosamente atada con las intrucciones del maestro, me entregaba a la espera de un nuevo capítulo de la guerra sin fín. Las paredes del patio se veían manchadas de tantas derrotas pasadas y que, esperaba, acabaran algun día. Incluso el tormento que me era impuesto por mamá de limpiar los manchas significaba un incentivo adicional para mi sed de triunfo.
Y cuando llegaba el momento, un ruido de un Chevrolet rojo enganchandose, gritar no bastaba. Era el feliz encuentro de padre e hijo, que se esperaban para abrazarse.
Pero la pelota cortaba la emotividad como un arma despiadada. Papá se volvía el invasor y yo el guardian de mi fortaleza. Y mi casa era un refugio, donde escondía los sueños mas hermosos de la niñez, que nacían y crecían en la calma de un mundo que desconocía. Donde el tiempo no tenía dueño, ya que existir aún no te mandaba facturas. Cuando mi anhelo y obligación era crecer en creatividad para nombrar cosas que aún no habían sido descubiertas. Allí, inocente pero implacable, forjé las piezas que me dieron forma, mágicas e indestructibles.
Jamás permití que las dañara (o al menos lo intenté). Dándole la espalda a mi improvisado arco de fútbol atajaba varios, pero siempre eran más los tiros que convertía en cicatrices para mi naciente orgullo.
Dedicado a mi máximo profesor. Yo se que lo leerás algun día
17 de agosto de 2009
Memoria
"Rosa rubicundior, lilio candidior. Omnibus formosior, semper in te glorior!"
Me agrada.
Me motiva.
Me calma.
Me atrae, arrastra y absorbe
Hacia lo oscuro de mi emoción
poco examinada, poco alcanzada
pulida en décadas de abstracciones.
Con la nota de la eventualidad
se auto concibe, torpe y sin forma.
Incluso arrastrada si no tiene rumbo
o si la vieja materia no la abandona.
Nace y crece desde tu sangre
si el timbre calza en tu locura.
Ves que el silencio no atenúa,
sino de su espera nació su ruta.
Y me invade, oh te atraviesa.
Me distingue amigo o enemigo.
Así es: tirana de la memoria,
música de muertos o de vivos.

Si tengo cita para tu escuela
déjame entrar, abre tus puertas,
pero si tu ausencia hiere mi armonía,
te pido que cantes mi vida entera.
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