14 de marzo de 2010

El Baile de la Repisa

Si lloviese un verano claro
con las estrellas en el firmamento
¿Qué llovería?

Pareciera en las nubes un susurro.
Si el viento no es un suspiro
¿Quién te agita hojarasca?

Un fluido se desliza bajo la puerta
roba mi sitio y mi calor
¿Quién te envía?

Su adiós me devora el pulso,
pero mi respirar dirige la danza
de aquella hoja en la repisa.

La mirada muerta de la locura
desafía la mía por su sitio
¿Quién ganará?

Quisiera correr, alcanzar el infinito
lejos de la evocación, lejos de ti.
Precipitarme hacia la vida.

Si la tormenta es un sueño vivo
sea como el trueno mi rencor
sea como el frío mi quebranto.

Mas el sol no es un despertar
ni la primavera tu retorno
¿Quién me despertará?

17 de enero de 2010

Teresa Vial #135

Era el conchito
Ese que se le ponían las orejas coloradas cuando le hablaban ¿se acuerda usted? Mas re leso el cabro chico ese, pero pucha que nos hacía reír. ¡Siempre que lo subían a una bici se sacaba la contumelia en el mismo lomo de toro! No había caso, todos los días llegaba con los pantalones con hoyos y embarrados.
¿Ahora si? ¡Pero si usted lo conoció! Acuérdese cuando fue su cumpleaños y su mamá nos invitó para que lo acompañáramos y que llegaron solamente dos niños. El cumple pa raro ese, osea, cuando mi hija cumplió seis me acuerdo que invité a todos sus compañeros y parecían monos con la pelota y los payasos. Era el niñito de ese cumple, que le trajimos un robot de esos de pila y parece que fue el único regalito que recibió.
No po suegra, se esta confundiendo. Del que le toy hablando yo es del hijo de la Sandra. Vivía en Teresa Vial, cerca del edificio que no se termino de construir y que esta lleno de marihuaneros. ¿Se acuerda que nos contaron que el hijo de la Sandra le hacía al pito? Bueno, era el mismo niño del que le estoy hablando, solo que con siete años mas.
¿No me cree? Déjeme decirle que a mí no me sorprendió para nada como terminó, si con los papitos que tenía... El Federico tenía mas mujeres que pelos en la cabeza y la Sandra estaba como media enferma igual. Una vez me acuerdo que me pidió una bandeja para servirle a unas visitas y cuando se la fui a buscar me dijo que no me la pensaba devolver hasta la otra semana. Cuando la fui a buscar denuevo me dijo que no la tenía. Olvídese el tonteo, si cuando le pillé la bandeja la quebró en mis narices la muy desgraciada.
No, pero el niño era distinto. Si cuando tenía como nueve años me decía que quería ser pintor de murales y yo me las arreglaba para comprarle acuarelas. Que lata que su mamá no lo haya dejado pintar, quizás por eso terminó como terminó. Pobrecito, al final daba pena verlo si cuando chico era tan lindo, con sus ojitos verdes. Después parecía delincuente fumando esa porquería y curado por las calles.
¿Usted no sabe como pasó? A mi me contaron que se tragó el frasco entero de pastillas para dormir que tomaba la Sandra. Pero la señora de al frente, la esposa de el del quiosco dice que lo mató el Federico cuando lo pilló sacándole plata escondido. No sé, pero para mi es la misma cuestión, si al final igual lo mataron entre los dos papas. ¡Que terrible! Dios mío, nunca me voy a olvidar cuando se hacía el dormido en la casa del tata esperando que llegara el viejito pascuero.


Dedicado a la calle Teresa Vial en la comuna de Pedro Aguirre Cerda de Santiago. Detrás de sus rejas acogió mis primeros cinco años de niñez y por fuera de ellas me regaló la calle donde conocí a los personajes de este relato.

3 de noviembre de 2009

La deriva del pensamiento

En un solitario enlace de angustia
llueven cálidos los pasos musicales.

En mi ventana sin cristales que defiendan
brota el manantial sagrado de mis venas.

Desde un día seccionado por el rayo
y que abre sus entrañas cubriendo la ciudad
la fatiga inmensa del pasado alegre
descansa con la tristeza del presente.

Allí, a la deriva del pensamiento
acoplado por el viento invernal que sopla
y sopla fuerte, congelando el silencio
para susurrar su canto de solista.

Duerme el pan, duerme el tiempo.
Duermen todos a la espera del renacimiento.
Es el invierno, que acoge al desmedro
y le da sentido a su existir.

Y yo lo entiendo, desde mi ventana
incomprendido y viejo invierno.
Acompañado de la noche indecisa
Mi viajero infinito, sin hogar ni miedo.

No abandones la travesía,
quédate conmigo esta noche.
Lluéveme del Dios que te encomienda
y lávame esta pena con tu partir.

7 de octubre de 2009

No Haiku

Un abrasante sol
Deslumbra la primavera
Y evidencia su invierno.