20 de marzo de 2009

Viernes (Basado en una historia real)

Entramos a la sala blanca, en nuestros atuendos clásicos de tela y plástico. Revoloteando en el pabellón, me imagino, damos un aspecto similar al de ruidosos infantes alrededor juguetes desarmables.

Las valiosas piezas, dicen. Una reverencia y un gracias a don cadaver cortado que nos entrega un momento de su apretada agenda para observar como funcionó antes de pasar por las manos de nuestro macabro profesor de anatomía. Y pensar que esas hilachas mojadas (nervios mediano y ulnar) movían esos charquis (músculos flexor ulnar y radial del carpo, flexor profundo de los dedos...) para que el finado se fumara un cigarrito, o le agarrara las presas a su señora... ¡Pero ahora es un material invaluable!


En fin, me voy a acercar a la proxima mesa. Oh ¡Sorpresa! Un pulmón in situ de un ex-abuelo que debe tener mas o menos siete años alquilando el refrigerador del hospital. Todo esta pauteado, primero le toqueteo las pleuras, el corazón, obviamente teniendo cuidado de no cortar el nervio vago y... ¡Maldición! Se acabo el tiempo.


Siguiente mesa... Idem. Esta vez el museo nos presenta un corazón tratado con varias técnicas de mutilación. Fijese bien como en este se ve mas delgadito el atrio. Si te fijaste, aprovecha de preguntarle al Doctor Vega, que probablemente te tire una talla, como la de la semana pasada, cuando dijo que la laringe estaba azul porque el abuelo comia muchos pintalenguas. ¡Timbre! Rottenhousen y otra vez no alcanzaste a escuchar el chiste.
El tiempo se va acabando y cada vez quedan menos mesas. Tengo mis apuntes bajo el brazo, esos por los que inverti cuatro de mis nueve horas normales de sueño para aprender y ordenar. Las risas se van extinguiendo y los enanitos albos van corriendo mas rápido y mas ruidosos. Repasando, recuerdo una duda que tuve mientras estudiaba, no la pude resolver pues debía elegir entre seguir con la materia o el colapso mental de cabecearme otra hora mas tratando de resolverla. Así que corte por lo sano y le pregunte a una colega ocupada tratando de sostener un menton crudo abierto. Me respondió apurada y de mal humor dejandome no solo con la duda, sino con la sensación de ignorancia clásica que se respira en el pabellón, tan fuerte como el olor a formalina. Nada nuevo bajo el pabellón.


Pero ya es tarde, y el tiempo de la última mesa acabó. Un aumento en mi frecuencia cardiaca me sorprende, perfectamente explicable, pues en un paso anterior tuve que estudiarlo. Algunos cierran los ojos, otros juntan sus manos en posicion de plegaria. Si hasta los cadaveres parecieran estar pendientes con sus sonrisas eternas y sus expresiones de demencia. Se acerca a la mesa de los doctores la bolsa con nuestros destinos, donde cada uno de nosotros es un papelito, y la mano de Lopez te busca y esperas que no te encuentre. Siento el sonido de su mano tanteando la bolsa ¡No puedo salir! trato de calcular las posibilidades de ser escogido entre cuarentaicinco papeles y realmente es absurdo que salga yo. Veo un baile de rodillas inquietas bajo las mesas y mis manos se asfixian en el guante de goma que veo sin ver. La mano deja de escudriñar y yo ya baje la mirada, asi tal vez no se da cuenta que le tocaba en el grupo; esta abriendo los papeles lo puedo escuchar y ya estoy seguro que mi nombre esta ahí y no quiero salir, porfavor no quiero salir.



Cuevas y Aguilera al frente.



Es viernes en la tarde, acabo de recordar que es el último momento de la semana. Mi mente se llena de ideas de descanso, casi siento la suavidad de las sabanas de mi cama mientras dos infelices son interrogados sobre las queridas piezas que valen mas que sus esfuerzos vanos por conocerlas.



2 de marzo de 2009

Sin Título

En un pequeño claro bosquecino nací. Mis recuerdos mas antiguos siempre llegan al mismo lugar, el refugio solitario donde vivo, donde me crié y donde espero morir algun día. Nací de la tierra, la hojarasca y la lluvia y soy padre creador del micromundo de mi jardín.
El habitar un lugar nativo y solitario es el tópico de mi existencia. Cercano al claro hay un río donde se me contó que vine en una canasta artesanal proveniente de un lugar lejano. Me crié solo, a pesar que la voz de mi madre susurra amor desde siempre. Jamás la llegue a conocer al igual que la mayoría de las cosas de donde provengo, mas el destino es sabio y mi vida no demanda esos conocimientos para respirar ni comer.
Los bosques que rodean el claro, se encuentran llenos de senderos engañosos. No me aventuro demasiado por ellos, perderse es fácil dadas la cantidad de maravillas que esconden (y peligros por cierto). Sé que uno de los senderos resuelve el laberinto del bosque y se ensancha en un camino empedrado que lleva a la salida. Sin embargo, aún no se bien que es lo que me espera allí, incluso si efectivamente existe tal salida. De todos modos, solo aquellos días en que me siento perdido recuerdo esas cosas.
Y esa es la vida que materializan mis sueños y mis pensamientos. Ya es temprano, y debo ir a buscar la leña al colegio. Mas tarde al llegar a mi departamento en el claro, probablemente sueñe que mis paredes son de madera y el cemento de la ciudad es el mas bello de los pastizales.

"Escrito el 25 de Agosto de 2004"

1 de diciembre de 2008

Antes de despertar

Como las escenas que recordamos en la vejez. Extraño es, armar los recuerdos que provocarán nuestras sonrisas arrugadas mañana. Asi veo su sueño, como un dulce y extraño desafío que se me entrega a mi juventud.

La suavidad de su descanso, y su demanda (o mía) por cercanía. Duerme, como si el mundo fuera suyo en la improvisada suite del asiento del lado. No me canso de acariciar sus finos rasgos, de una belleza prometedora que comienza a aflorar junto a su rebeldía. Y sin caer en conciencia, mi cuerpo pierde sensibilidad por la contorsión que causa alcanzar sus manos y su cuello.

Y asi pasan horas. Horas enteras para contemplar su majestuocidad innata que me seduce a violar los espacios del respeto. Me reta, a apostar mis emociones en un juego sin certeza. A estirar los labios para encontrar el paraiso o el infierno. A saciar mi sed con veneno o con el nectar del amor. Y mi pensamiento busca evidencias, que ni el corazón logra demostrar.

Y cuando abre sus ojos, me encuentra a su lado, besando su frente. Pareciera no importarle, ni percatarse de mi pugna de horas. Caprichosa mira el cielo, y recuerda que el secreto debe mantenerse en aquel auto. Y me pide con la dulzura de las quimeras, un boleto para regresar a la realidad. Pues mi rapto nocturno acaba cuando cesa su sueño o su intención, y mi intención cesa, al dormirme inmerso en la duda.

¿Qué pensará al despertar sola en su habitación luego que suena su despertador?



Foto donada por Javiera Ramirez Pigliacampi

29 de noviembre de 2008

Anjunabeats

El bass retumbaba en mi corazón. Tum tum tum y mi corazón adquiría un ritmo extraño y coordinado con el universo. No era yo humano, era yo Dios... Un Dios que danzaba bajo los destellos de un cielo de colores brillantes.

Mi voz no hablaba, gritaba al son de la tornamesa. La tierra era una violencia desmedida, que se apoderaba de mis entrañas y las alzaba hasta la eternidad. Frente a mi, dos letras dominadas por el extasis de la noche de mis sueños. Trance, una palabra que alberga el estado de máxima felicidad a la que puede llegar el amor.

Cerraba los ojos, y mi ser viajaba despidiendose del mundo y sus corrupciones. Lejos del dolor, de la miseria de sentirme parte de un compromiso escrito. Solo yo, y mi espíritu transformado en rave. Algunos buscaban pareja, otros alucinógenos. Algunos solo trataban de atrapar cada instante con el cuerpo... como yo.

Descuidé la tierra, mi cuerpo y mi pasado. Atrapaba las luces con mis pensamientos, y las dejaba escapar para que otro mas las pudiera atrapar. Despertar de los poderes del extasis puede llegar a ser peligroso, mas si recuerdas de golpe que al detener el ritmo, el tiempo retorna a la normalidad, y vuelve a salir el sol.