29 de mayo de 2015

Soliloquio

Me gusta tu sonrisa. Tus carcajadas reactivas. Tu pasión por escuchar las historias de mis amigos. En este circulo de viernes en la noche, los tragos fuertes, el ambiente distendido de confianza e inhibición, todos aportan con una experiencia risoria. Muchas de ellas ya las conozco, los relatos de sexo son tema favorito despues del tercer vaso de piscola. Siento el fragor del alcohol en mi cuerpo, río tanto como los demas, participo con un par de comentarios y me preocupo por ti, pensar en lo que haremos mas tarde en mi cama.
Giro los hielos despreocupado. Mi vida es un torbellino constante de exigencia y trabajo. Todo eso no importa hoy, que me acompañas al ritual social de la embriaguez. A lo mejor habrá marihuana mas tarde pienso, me vendría de perlas esa desconexión.

Y entonces comienza, como un cosquilleo en mi medio, en forma de acotaciones mas pausadas, menos contacto visual y mas interes en mi vaso. Las risas se acentúan, los comentarios son mas calientes, las experiencias mas ridiculas. Estoy lejos, pero atento a cada palabra compartida y sorpresa exclamada. Hablan de Pancho o Tano, que no se le paró en el cumplemes dejando a mi amiga Vicky enfurecida y decepcionada. Tambien de Diego, que se corría a los tres segundos de iniciar el acto. Lo contrastado que son aquellos bufones en comparación con otros que dominaban y repartían orgasmos. Ya no sonrío.
Mi rostro es transparente, pero se enmascara en la embriaguez. El debate ahora es cual es la importancia del sexo en la vida de pareja. Finaliza con un acuerdo unanime de que es vital y mi mente viaja lejos, hacia el sedimento mismo de la humillación y el dolor. Hasta momentos que no se olvidan y quedan rumiando, esperando salir y clavar aún mas la duda de tu virilidad. Y el cosquilleo se vuelve una tensión insoportable, que comprime mi cuerpo hacia adentro, como queriendo envolverme y a la vez correr.
Y cuando logro sacudirme el peso viene la lápida. Viene de tus labios tu experiencia pasada con otro igual. Entonces surge de mi mente la imagen mas macabra del sexo, como un llanto frío en un departamento lejano. Y recuerdo los fracasos incontables, las explicaciones vacías, los rostros de compasión. Aquellos rostros que no volví a ver y aquellos que reaparecieron en forma de risas y chistes.
Tomo el vaso, y me levanto. Voy al baño, digo, y camino hacia la otra sala. Me tomaré mi tiempo pienso, mientras me sirvo otro. Me va a faltar esta noche.

1 comentario:

Francesca dijo...
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