31 de mayo de 2015

La reverencia

La reverencia como fenómeno médico no creo que haya sido descrita alguna vez. O al menos no como lo planteo en estas breves palabras. Quiero comenzar diciendo, que si alguien pretende hacerse con el derecho de haber sido el autor o primer descubridor de este fenómeno probablemente lo haga con justa razón.
El contexto es el siguiente, una noche fría, muchas horas de turno, nada de descanso y mucho trabajo por delante. Cuando te encuentras en la mitad de un desierto sin salida visible, y solo caminas ciego hacia adelante recordando otras noches en que estuviste igual. Y tuvo fin. Podría condimentar aún mas la situación: examenes de pregrado cercanos, trabajo atrasado, otra jornada completa esperandote al día siguiente, una psiquis emocionalmente inestable, un equipo de trabajo desagradable, falta de recursos, etc. Sea como sea, el panorama es literalmente una mierda profesional de gente cansada, pacientes sufriendo, familiares enojados y mucho que hacer.
Y entonces ¿Qué sentido tiene estar ahi? La verdad no soy muy amigo de las respuestas universales y las teorías del todo, pero puedo hablar desde mi propio corazón. Puedo decir que aquel momento no tiene ningún punto positivo ni alentador.
Excepto la reverencia.
Un hombre llamado Fabian, de mas o menos cincuenta años consulta en la urgencia por una diarrea de tres días. A las cuatro de la mañana. Entonces mi cuerpo con catorce horas de turno mas una semana entera de trabajo se cuestiona seriamente si debiera dejarlo morir de cagadera o simplemente reventarlo a reproches por no utilizar un sistema de salud primario, o simplemente esperar al día siguiente. Aquel hombre significa para mi aproximadamente cuarenta minutos menos de las escasas tres horas que tengo acordadas para dormir. Por una diarrea común.
Mis pasos se arrastran hacia el box donde esta el miserable. Y para peor, lo miro y esta sufriendo. Realmente esta muy afectado por el dolor, la diarrea y la sed. Entonces mi rabia se esfuma y le hablo calmado. Es curioso, como mi mente modifica las pulsiones que me mueven cuando la empatía me invade. Y finalizo mostrandome gentil, amable e incluso soltando algunas bromas para distender el ambiente.
La reverencia ocurre cuando el paciente me da la mano. Y me agradece todo lo que he hecho por el. Yo lo miro y sin expresarlo con palabras le doy las gracias por darle sentido a mi cansancio. Cuando salgo de ahi mi mente esta mas despejada y mas animada. Aunque sea unos segundos, me siento invadido por la sensación de haber hecho el bien. La moneda mas valiosa, que le da sentido a la medicina. Con eso duermo poco, pero con una sonrisa.

1 comentario:

lichazul alqantar dijo...

ojalá nunca cambies Rodrigo en ese aspecto para con los pacientes
todos nos volvemos tan indefensos cuando una enfermedad ataca
perdemos el piso , se nos tambalea la emoción y la seguridad
nos roza por un instante la idea de la parca

abrazos energéticos